Que feliz se mostró, aquella dulce mariposilla, cuando para sorpresa suya, vió como su enroscada trompa, entraba suavemente en el pistilo de la flor elegida.
Trescientos pasos de hormiga hasta el gañafote muerto y otros trescientos de vuelta, cargada hasta la entrada del hormiguero. Se decía, aquella perezosa hormiga obrera.
¡Malditos pintores!, gritó, cuando iniciaba un picado sin retorno, aquella oronda salamanquesa.
Cuando pudo [...]

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