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Refrito…

mayo 28, 2008

Pues como me dicen que se trata de contar lo cotidiano, allá voy. He llegado temprano, después, me dispuse a conectarme a lo virtual y pasar el trabajo diario. Cuando me quédé sin faena se me ocurrió preparar un refrito para mañana o pasado, al que luego mostrarle desde lejos un arroz, unas papas con carne ó lo que él quiera que le ponga, que lo dejo elejir, vamos. Suelo recrearme y hacer caso del “slow” ,esa corriente nueva de interpretar la vida, cuando de cocinar se trata (bueno en alguna que otra faena lo practico también…),  me gusta ir a fuego lento.

Unos pimientos verdes, en concreto dos, a los que pacientemente, lavo, corto por la mitad y limpio de semillas, junto con ése nérvio blanco que llevan dentro. Idem con otros dos rojos, de huerta ,que me tienen loco con el olor que despiden. Dos cebollas medianas, con una pinta espléndida, que corto a juliana, primero y luego pico de lado, para que me queden cuadraditos pequeños. Me gusta incorporar, las cebollas y los pimientos, a la par, a fuego lento no tienes problemas, se van dando besitos entre las burbujitas del aceite y de esa manera se hacen juntas. Ah, me olvidaba, dos dientes de ajo y una hojita de laurel verde, que tambien desprende un fuerte olor. En realidad lo que me motiva, además de ver la transformación de los alimentos, es el olor, soy un neurótico con los olores de la cocina. Me seducen también desde, los olores mañaneros, a una tostada medio quemada, hasta el de una tremenda col en su hirbiente fuego.

Todo a fuego lento, pero lento quiere decir al mínimo. Ya sé, que se ha de tener tiempo, pues cocinen con tiempo, sino, a la burger. Lo muevo todo pocas veces, tan sólo para que no se conozcan entre si, digo las verduras, que luego todos los sabores se juntan. Mi alarma particular me la muestra la cebolla, elijo un trocito con la vista y cuando esté pochadito (término culinario que describe la cebolla u otro producto cuando está tierno y empapado en aceite caliente…), casi transparente. Es, en ése momento, cuando incorporo unos tomates de rama, que previamente y de un modo casi quirúrgico he pelado, extraido las semillas y la parte mas dura de los extremos, además de haberlos cortado, también como la cebolla, a caudraditos pequeños.Cuando los trocitos de tomate mas duros, se vuelven gelatinosos (quiero decir muy blandos…), es cuando aporto un toque especial que consiste en tirar de algún caldo que tenga guardado,  por ejemplo  de cocido, de verduras, de pescado, y le pongo un vaso normal por encima. No teman por que en realidad se evapora rápido y lo que se queda es el jugo, que se une al refrito, en una comunión sublime…

Se preguntarán por la sal, pues no soy partidario de mostrar nada mas que una pizca, vamos que se la enseño desde lejos. Desde que un buen amigo cocinero, me dijo que ésta hacia, además de que se pegaran las verduras antes ,al fondo del recipiente , que se oscurecieran también, como consecuencia de que pierden agua con la sal.

PD: todo regado con una copa de vino, mientras se cocina, y de fondo por ejemplo Rufus Wainwright, que pone paz al espiritu…

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One Comment leave one →
  1. Zapat permalink
    mayo 29, 2008 9:33 am

    Hablando de Rufus, viene a Sevilla el vienne y yo me tengo que perder, me cagoendié.

    Hace bien poco he disfrutado de unas espléndidas tostadas con fina mantequilla casera, una delicia junto a un buen café con leite.

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