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Las seis y cuarenta

junio 5, 2008

Al abrir los ojos se encontró confundida y liada a la vez. La redecilla del pelo en medio de la cara, “ya éste, ha querido jaleo ésta noche, seguro”, se dijo en voz baja. Da media vuelta para ver que hora es y siente aquel dolor que le recuerda la costilla que tiene medio rota. El camisón de algodón, que le está grande, otra vez amanece a la altura de las tetas. Las seis y cuarenta minutos. Al bajarse el camisón y rozar, con el dorso de la mano un pecho, por un momento, algo en su interior le hizo recordar viejas sensaciones. Que a ésa hora le hacían acercarse a él buscando calor, incluso llegó a sentir un leve cosquilleo, como a una cuarta, más abajo del ombligo. Torciendo el gesto y después de escuchar como él soltaba un resoplido, todo se vuelve real y cotidiano.

Levanta las mantas y nota frío, ahora mismo no recuerda que día es, eso lo deja para más tarde. Lo importante ahora son los automatismos que le harán cumplir con el horario establecido. Se incorpora sobre la cama, sentándose justo a la altura en la que están sus zapatillas. Al ponérselas siente una llamada de larga distancia, desde su juanete en el pie izquierdo, que le dice “despacito guapa que estoy que ardo”. Se recoge la redecilla frente arriba y de repente una mano áspera, pero conocida, le recorre la espalda como si fuera un objeto artificial, duro e inanimado. Lo que provoca un respingo que la pone en pie, mientras escucha a lo lejos un rugido, tantas veces repetido y casi olvidado.

Camina despacio, sale del cuarto, tres pasos y gira a la izquierda, entra en el baño. No enciende la luz, sabe que sería un momento desagradable y ése lo guarda para más adelante. Con la luz que entra del letrero de neón del puticlub del edificio de al lado le sobra. Se sienta en la taza y la nota húmeda, ya sabe de qué se trata, seguro que él se acostó tarde viendo la porno y se masturbó dejando la taza llena, como iba medio pedo del ron a palo seco que se toma todas las noches, “es que ni apuntó”. Estando en plena micción se le escapa un gas, lo que le hace mirar para abajo, sonríe mientras ve cambiar las bragas de color cuando lo hace el neón.

Mira hacia arriba y recuerda que hoy le toca limpieza a fondo del baño. Al buscar papel, lo encuentra en un rincón justo detrás de la taza, con un escorzo digno de una acróbata y con un dolor digno de un jubilado, consigue llegar hasta el rollo. Se limpia lo que puede, pensando en que luego se va a duchar, cuando la tormenta pase. Sale del baño, dejando atrás el estruendo de la cisterna, es el despertador general, pero no sólo de la casa, también de los vecinos, se lo dijo un día Puri, la del segundo derecha. Seis pasos mas allá de la puerta del baño y torciendo a la izquierda, se encuentra la cocina. Entra, enciende la luz, es fluorescente y tarda unos segundos torturadores en encenderse correctamente. Tras un vistazo general, comprueba que todo está en su sitio, bueno menos el fregado, menos la basura (que no se bajó), la sartén con los trocitos de ajo pegados y negros en su fondo, varios vasos, una cáscara de plátano y dos papelitos de magdalena. Todo lo demás está en su sitio, se dice a modo de consuelo.

Resopla, mientras va metiendo en el viejo lavavajillas, todo lo que puede. Mira por la ventana y lo ve, siempre todas las mañanas lo ve, en la parada del cuarenta y cinco. Siente un leve cosquilleo en la barriga, sonríe y sigue mirando. Recuerda cuando le estrechaba entre sus fuertes brazos contra el pecho, su olor, vagamente pero cree recordarlo. Se mudó al barrio hace tiempo y desde entonces ella se levanta mas temprano, que el que duerme a su lado, deja la cocina todos los días sucia para tener un rato, bueno unos cinco minutos y mirar por la ventana a su pasado. Para soñar otra vez y sentir que el corazón se para. También cinco minutos en los que el tiempo es suyo, todas las mañanas, sólo para ella y le permite inventarse otra vida. Algunos días le parece que mira hacia arriba, como buscándola, lo que hace de repente que un escalofrió le recorra la espalda. Llega el autobús y desaparece, hasta mañana, ella se despide, con un beso, que lanza al aire.

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6 comentarios leave one →
  1. Álvaro permalink
    junio 6, 2008 9:07 am

    Eso es infidelidad en grado de tentativa con el agravante de la reiteración y nocturnidad. La alevosia hubiese quedado reflejada con solo un par de renglones más.
    El semen abandonado del hombre responde a una acción más noble y leal, justificada a todas luces, por los respingos que ella da al abandonar el lecho conyugal.
    Con una mujer tan arisca y tan propensa a la infidelidad, no me extraña que algunos hombres se den al ron.
    ¿No recordamos ya como en la canción de Cecilia “Un ramito de violetas”, ella no le decía nada al marido de las poesías y flores que recibía por parte de un extraño? Y él, siendo quién se las mandaba, guardaba leal y cariñoso silencio.
    Si es que son pa matarlas, ya te digo.
    Fuera bromas: Muy bueno el relato.

  2. Julia permalink
    junio 6, 2008 10:44 am

    Soberbio. ¿Quien no ha tenido pensamientos de infidelidad alguna vez con alguien del pasado?

  3. junio 6, 2008 10:51 am

    Fantástico relato y comentario, ¿qué decir después?

    Estás ofreciéndonos una variedad de estilos que no deja de sorprendernos, esta nueva incursión sin tapujos en terrenos sensuales es muy abierta y sincera y no te extrañe que levantes la lívido de cualquiera.

    Besos húmedos

  4. Anónimo permalink
    junio 6, 2008 1:18 pm

    Esto parece una parodia de un matrimonio, de como cuando al principio todo era calor, amor, sofoco, y que, con el paso del tiempo, todo se va volviendo vulgar, cotidiano, predecible. ¿alguna vez hablaron sobre eso?¿alguna vez él decidió dar un cambio para intentar ser un poco el de antes????

  5. junio 6, 2008 8:00 pm

    creo que la frase es “ella se levanta mas temprano que el que duerme a su lado” hay la has dad, lo demas es escenografia.

  6. NICOLAS BECERRO permalink
    agosto 6, 2009 6:47 pm

    Joder 5, si te digo que ha entrado una mujer en la tienda y la pobre me ha tenido que esperar a que yo leyera todo el relato entero, te lo creerias?, enhorabuena hombre. Pensamientos de vida monótona pura y dura. A ver si nos libramos nosotros de padecerlos…saludos.

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